Bolsonarismo usa masacre de Río de Janeiro para posicionarse electoralmente

La megaoperación policial en Río de Janeiro, que dejó decenas de muertos y denuncias por uso excesivo de la fuerza, ha trascendido el plano de la seguridad pública para convertirse en un símbolo político de la nueva disputa por el liderazgo de la derecha brasileña.

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Claudio Castro, gobernador de Rio ha sido un ferviente bolsonarista. Foto: EFE Archivo


31 de octubre de 2025 Hora: 12:28

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Nueve gobernadores expresaron su apoyo a Cláudio Castro, gobernador fluminense, en medio de una creciente polémica nacional por la violencia desplegada en las comunidades cariocas y las repercusiones políticas de la ofensiva.

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El operativo —calificado por el propio Castro como “una acción necesaria para recuperar el control del Estado”— movilizó a más de 1.000 efectivos de la Policía Militar, la Policía Civil y la Fuerza Nacional, y ha sido respaldado por los sectores más duros del bolsonarismo, que lo presentan como una muestra de autoridad frente al crimen organizado.

El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, fue uno de los primeros en elogiar la intervención, defendiendo incluso equiparar las facciones criminales con el terrorismo, una medida que ampliaría las facultades represivas del Estado. “El crimen no puede dictar las reglas”, declaró, respaldando la postura de Castro y abriendo un nuevo capítulo en la agenda de seguridad que atraviesa a las derechas brasileñas.

La expresidenta de la Fundación Nacional de la Mujer y esposa del exmandatario Jair Bolsonaro, Michelle Bolsonaro, también se sumó al respaldo a Castro y aprovechó para criticar al Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y al Partido de los Trabajadores (PT), a quienes acusó de “defender delincuentes”.

“El pueblo de bien está con Cláudio Castro. Basta de gobiernos que protegen bandidos y atacan a la policía”, escribió Michelle en sus redes sociales, en un mensaje que rápidamente fue amplificado por los principales voceros de la extrema derecha brasileña.

La postura del Palacio del Planalto ha sido cautelosa: el Gobierno federal pidió investigar los hechos y recordó que toda política de seguridad debe garantizar el respeto a los derechos humanos, mientras diversas organizaciones sociales denunciaron ejecuciones extrajudiciales en las favelas y exigieron transparencia sobre la identidad de las víctimas.

El operativo en Río se inscribe en un contexto político más amplio: a un año de las elecciones presidenciales del 4 de octubre de 2026, la ultraderecha brasileña disputa nuevos liderazgos ante la inhabilitación judicial de Jair Bolsonaro, quien enfrenta 30 años de prohibición política por promover el intento de golpe de Estado de enero de 2023.

Aunque sigue siendo una figura influyente, Bolsonaro ha perdido capacidad de movilización y su figura se encuentra “entre la centralidad y la periferia”, según analistas locales. En paralelo, emergen nuevos nombres que buscan ocupar el espacio dejado por el expresidente.

El periodista Moisés Mendes, en un artículo publicado en Brasil247, comparó la situación judicial de Bolsonaro con un “Marcola político protegido por la élite”, aludiendo al célebre jefe del crimen organizado paulista. “Bolsonaro sólo sigue libre porque fue útil a la derecha, al fascismo y a los grandes medios que lo fabricaron”, escribió.

Entre los posibles herederos del campo ultraderechista, Tarcísio de Freitas se perfila como la figura más competitiva electoralmente. Gobernador del estado más poblado del país y cercano al sector financiero, Freitas representa una derecha “más institucional”, pero enfrenta presiones internas para “ultraderechizar” su discurso y mantener la adhesión del electorado bolsonarista.

“El expresidente le exige que hable más del perdón a los golpistas de 2023, pero Tarcísio aún no define su posición”, señaló el sociólogo Daniel Henrique da Mota Ferreira, quien considera que el mandatario paulista es el preferido del establishment y del Centrão, pero despierta recelos entre las bases más radicalizadas.

Mientras tanto, Michelle Bolsonaro emerge como una de las favoritas en las encuestas internas del Partido Liberal (PL), incluso por encima de Tarcísio, gracias a su capacidad de comunicación y apoyo entre sectores populares y religiosos. “Ella habla mejor el lenguaje de las capas más bajas”, observó da Mota Ferreira, aunque advierte que aún no logra conquistar plenamente al núcleo duro del bolsonarismo ni a los círculos empresariales más poderosos.

En contraste, Eduardo Bolsonaro, actual diputado federal en excedencia y autoexiliado en Estados Unidos, enfrenta un creciente aislamiento político. “Eduardo Bolsonaro está acabado. Nadie en el partido lo quiere como candidato”, declaró un dirigente del PL a O Globo.

El hijo del expresidente ha intensificado su campaña contra el Tribunal Supremo Federal desde el exterior y mantiene un discurso aún más radical que el de su padre, especialmente en torno al armamentismo civil y a su defensa de Donald Trump, con quien mantiene vínculos directos.

Otro nombre que resuena es el del empresario y ex candidato presidencial Pablo Marçal, quien busca consolidarse como una opción “antisistema” con un discurso motivacional, conspirativo y centrado en el bienestar espiritual. A pesar de sus controversias —incluidos episodios trágicos en sus eventos de coaching—, su figura conserva respaldo entre jóvenes y sectores religiosos conservadores.

El propio Cláudio Castro, tras recibir el apoyo de nueve gobernadores, se perfila como una figura emergente del bolsonarismo pragmático, que combina discurso de seguridad con ambiciones nacionales. Sin embargo, la violencia del operativo y las denuncias por ejecuciones podrían convertirse en un arma de doble filo para su proyección política.

Autor: teleSUR - cc - NH

Fuente: Agencias